La costumbre del miedo...
Me gusta mi país...de verdad!! me gusta mucho y me enorgullece ser un gato mexicano.
Pero a veces, nos pasan cosas que nos hace enojar...que nos hace sentir inseguros... y odiamos que nuestros seres queridos vivan en un lugar tan inseguro como la Ciudad de México...
Ayer asaltaron en un taxi a una persona que queremos mucho... le quitaron su celular, su dinero y su mp3... no pasó del robo y el susto de una hora que la trajeron dando vueltas... ![]()
...la dejaron en una calle con 7 pesos para que "llegara a su casa"... ella llegó y pensó en avisar a sus contactos para que no hagan caso de recibir llamadas de ese número, no sea que quieran extorsionarles...
...hasta llegamos al punto de decir "Que bueno que sólo te robaron"...
...así estamos...agradeciendo que un par de p#%*& hayan dejado a nuestra amiga muerta del susto, sin sus cosas... pero viva, completita...con nosotros.
Nuestra amiga no es amiga, ni familiar, ni conocida del Jefe de Gobierno del Distrito Federal...
A esos dos infelices (y a las autoridades que solapan la inseguridad)...les mandamos decir mis dueños y yo: PUTOS
La costumbre del miedo
Juan E. Pardinas / Reforma (11 noviembre 2007)
El lunes pasado por la tarde un colega del trabajo tomó un taxi afuera de la oficina en el poniente de la Ciudad de México. No era un taxi de sitio. Dos cuadras antes de llegar a su casa, tres tipos bajaron al chofer del vehículo. Uno de ellos tomó el volante, los otros dos se dedicaron a golpear y amenazar al pasajero. Era un asalto. Así comenzó el tour del terror por la "Ciudad en Movimiento". El viaje duró 90 minutos. Mi amigo salvó su vida pero acabó en el hospital con los ojos semicerrados por los puñetazos. La semana anterior, la ruleta maldita le tocó a mi contador: robo a mano armada afuera de su casa. Quince días atrás fue a mi vecina, le arrancaron su bolsa en el crucero de Revolución y Benjamín Franklin.
No conozco otra ciudad del mundo donde no se pueda tomar un taxi de la calle por las probabilidades de ser asaltado. Hay quien dice que la criminalidad es resultado de la pobreza. ¿Por qué la India tiene 300 millones de pobres y nadie se preocupa al tomar un taxi en Nueva Delhi o Mumbai? Lonely Planet es la editorial de libros de viaje más influyente del mundo. En sus consejos para visitar la Ciudad de México viene una advertencia sobre "la epidemia de crimen en los taxis" del Distrito Federal: "los turistas no sólo son robados, también son golpeados". La guía Lonely Planet de Brasil aconseja que en Río de Janeiro es mejor tomar "un taxi en la noche, para evitar caminar por calles desiertas". Supuestamente los cariocas viven en una de las ciudades más peligrosas del continente, pero sí pueden tomar un taxi de la esquina sin arriesgar el pellejo. En la mayoría de los países subdesarrollados, el riesgo al subir a un taxi es que el taxímetro esté descompuesto, que el chofer no traiga cambio, o que dé vueltas innecesarias para cobrar más dinero. Sólo aquí, en el Distrito Federal, el riesgo es de muerte.
En febrero de 1998, John Bussey, un corresponsal del Wall Street Journal fue asaltado en un taxi en la Ciudad México. Después de una hora de apuntarle una pistola a la cabeza, el criminal se dio cuenta que su víctima era un periodista. El delincuente hizo una solicitud patriótica: "No vaya a contar en su periódico lo que le ha sucedido hoy, sería una vergüenza para México". La peor vergüenza es que este asalto ocurrió hace 10 años, a mi colega le sucedió lo mismo hace seis días. Casi una década y seguimos igual.
En la televisión, un comercial del gobierno federal me informa del decomiso de cocaína más grande de la historia. El dato no me aporta nada útil. ¿De qué me sirve que la cocaína haya aumentado de precio en Nueva York, si no podemos tomar un taxi en la delegación Cuauhtémoc? El Washington Post celebra los triunfos del gobierno federal en la guerra contra el narco, mientras nosotros padecemos los fracasos en la batalla contra la delincuencia común. Un Estado que no puede proteger la vida y el patrimonio de sus habitantes es un Estado que no cumple con su función más elemental.
Los taxis piratas representan un negocio para alguien dentro del gobierno del Distrito Federal. Alguien obtiene una renta económica y un beneficio político. No todos los taxis ilegales son vehículos del crimen, pero su existencia representa un riesgo latente para los millones de habitantes de la Ciudad de México.
¿Si Marcelo Ebrard expropia vecindades y negocios por qué no también hace lo mismo con los taxis piratas? Se podría dar una moratoria de dos meses para legalizar los vehículos, y créditos para comprar placas oficiales. A partir de enero de 2008, cualquier taxi que no contara con los permisos oficiales sería expropiado por la autoridad. Con un aumento en la tarifa de 3 pesos por banderazo se podría financiar el costo de sistemas de posicionamiento satelital para todos los taxis de la Ciudad de México. Esto ayudaría a un poco a perderle la costumbre al miedo.
Después de tres días de convalecencia mi amigo regresó a trabajar el viernes, con los ojos aún moreteados por los golpes del asalto. La tolerancia del gobierno con esta peligrosa ilegalidad no es negligencia o ineptitud política sino pura complicidad.
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theo dijo
Vaya. al menos me alegro de que saliese de la situación sin más daño que un susto...
¿Salmón?
28 Noviembre 2007 | 04:56 PM